1
Nunca, Dios mío, cesará mi labio
de bendecirte, de cantar tu
gloria,
porque conservo de tu amor
inmenso
grata memoria.
2
Cuando perdido en mundanal
sendero,
no me cercaba sino niebla
oscura,
Tú me miraste, y alumbróme un
rayo
de tu luz pura.
3
Cuando inclinaba mi abatida
frente
del mal obrar el oneroso yugo,
dulce reposo y eficaz alivio
darme te plugo.
