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LECCIÓN VEINTICINCO – EL HOGAR

  1. El Matrimonio:
    a. El matrimonio es una institución divina; la primera que Dios
    estableció en la raza humana. Es la unión por toda la vida de un
    hombre y una mujer, para formar «una sola carne», para la
    perpetuidad y felicidad de la raza humana. (Génesis 1:27, 28; 2:18
    24).
    b. El matrimonio debidamente constituido y sus relaciones, es digno y
    honroso. «Honroso sea a todos el matrimonio, y el lecho sin
    mancilla». Lo deshonroso y lo pecaminoso es la fornicación (unión
    carnal entre solteros) y el adulterio (unión carnal de personas
    casadas fuera del matrimonio). «Pero a los fornicarios y adúlteros los
    juzgará Dios». (Hebreos 13:4).
    c.
    El matrimonio es la base y fundamento del hogar, de la familia, de la
    iglesia, de la sociedad, de la nación, de la raza. El Evangelio confiere
    a
    la institución del hogar una santidad especial. Compara el
    matrimonio con la inefable unión que existe entre Cristo y Su
    Iglesia. (Efesios 5:22-33).
  2. El Esposo:
    a. El esposo es la cabeza del hogar, pero su autoridad debe ejercerla
    con amor. Así como todos nuestros deberes para con Dios están
    resumidos en nuestro amor a Él, así el esposo debe mostrar en todo
    su amor a su esposa. (Efesios 5:25-33). La vida de la esposa se
    compone de cosas pequeñas, por lo tanto, el esposo debe hacerla
    feliz por medio de cortesías. El amor y el buen trato es el único
    sueldo que la esposa recibe de parte del esposo.
  3. La Esposa:
    a. La esposa, a la vez que disfruta de toda la consideración del esposo,
    debe «estar sujeta a su esposo, como conviene en el
    Señor». (Colosenses 3:18). Todo lo que se aplica al esposo en cuanto
    al amor y al buen trato, igualmente se aplica a la esposa con respecto
    al esposo. La esposa debe honrar y obedecer al esposo. (1 Corintios
    11:3; Efesios 5:22). Debe ser laboriosa. (Proverbios 31:10-31).
  4. Los Padres:
    a. Los padres al traer a la existencia a un ser inmortal están asumiendo
    la mayor responsabilidad que los seres humanos podamos asumir.
    Quienes no asumen las responsabilidades de progenitores, son
    dignos de condenación. (1 Timoteo 5:8).
    b. Los padres, no solo deben proveer para sus hijos las cosas
    necesarias, pero también las cosas espirituales. «instruye al niño en
    su camino; y aun cuando fuere viejo no se apartará de
    él». (Proverbios 22:6). Si fuere necesario, debe castigar a sus hijos
    para enseñarles a la obediencia. (Proverbios 13:24; 19:18; 22:15).
  5. Los Hijos:
    a. El primero y único mandamiento acompañado de una promesa es
    para los hijos. «Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se
    alarguen sobre la tierra que Jehová tu Dios te da». (Éxodo 20:12).
    b. Los hijos deben respetar, obedecer, honrar, ayudar, cuidar de sus
    padres cuando éstos lo necesiten.
  6. Los Novios:
    a. los jóvenes cristianos deben casarse «en el Señor». Esto es, con
    cristianos. Casarse con inconversos es «yugo desigual», que la Biblia
    condena. (2 Corintios 6:14-18).
    b. En su amistad y relación como novios, los jóvenes cristianos deben
    adornar la doctrina y enseñanza cristiana; deben comportarse con
    toda honestidad y apartarse de toda apariencia de mal. deben estar
    bien seguros de la voluntad de Dios al hacer una elección la cual es
    para toda la vida. Conviene no sentarse juntos en la iglesia.
  7. El Divorcio:
    a. Como ya hemos visto, el matrimonio es una institución divina, cuyo
    vínculo es roto únicamente por la muerte. (1 Corintios 7:39).
    Cuando los fariseos preguntaron sobre el divorcio, el Señor fue muy
    enfático al declarar que «el que los hizo al principio, varón y hembra
    los hizo… y los dos serán una sola carne; por tanto, lo que Dios
    juntó, no lo separe el hombre». (Mateo 19:3-6).
    b. En la unión matrimonial de un hombre y una mujer, sean
    convertidos o inconversos, y no importa quién oficie, sea ministro,
    sacerdote o juez, Dios le imparte su aprobación, y ya dejan de ser
    dos, para venir a ser «una sola carne».
    c.
    El matrimonio es una ley de Dios, el divorcio es una violación
    humana. El divorcio pretende separar lo que delante de Dios es
    inseparable. El divorcio es como partir, aserrar «una sola carne», un
    cuerpo, en dos mitades. ¡Horrible!
    d. La relación y el vínculo entre esposo y esposa es más íntimo que
    entre padres e hijos. «Por esto el hombre dejará padre y madre, y se
    unirá a su mujer». ¿Podrá ser roto el vínculo entre padres e hijos, no
    importa todo lo que hagan abogados y jueces? ¡Nunca!
    El padre podrá desheredad, negar, etc., pero seguirá siendo padre
    y el hijo, hijo. De igual modo, y mucho menos, el vínculo
    matrimonial no puede ser roto por los hombres.
    e.
    Los fariseos insistieron en el tema, y volvieron a preguntar: ¿»Por
    qué, pues mandó Moisés dar carta de divorcio, y repudiarla»? A esto
    el Señor contestó: «Por la dureza de vuestro corazón Moisés os
    permitió repudiar a vuestras mujeres; mas al principio no fue
    así». (Mateo 19:3-8).
    Note que fue «por la dureza del corazón». En el Evangelio no hay
    lugar para la dureza de corazón. El Evangelio sana la dureza de
    corazón. (1 Timoteo 1:5; 1 Pedro 3:8. Romanos 2:5). Note que
    Moisés no lo mandó, sino que tuvo que permitir, tolerar una
    situación existente. Cristo declara: «Al principio no fue así».
    f.
    El pueblo cristiano no debe gobernarse por la dureza del corazón de
    los judíos, ni por las permisiones de Moisés a causa de esa dureza,
    sino por el principio establecido por Dios, que no dio lugar, ni hizo
    provisión para el divorcio.
    El Señor declara que la única causa para divorcio sería la
    fornicación. (Mateo 19:9. En Deuteronomio 24:1) se explica causa,
    y dice: «Cuando alguno tomare mujer, y se casare con ella, y si no le
    agradare por haber hallado en ella alguna cosa indecente, le escribirá
    carta de divorcio, y se la entregará en su mano y la despedirá de su
    casa».
    Siempre se ha afirmado con pruebas bíblicas que el adulterio es
    la unión carnal fuera del matrimonio; y fornicación, la unión carnal
    entre personas solteras.
    Si la única causa para el divorcio es la fornicación, y si el
    divorcio era permitido por haber el esposo recién casado hallado en
    su esposa que ésta había fornicado con otro antes de casarse,
    entonces podía darle carta de repudio.
    Deben tomarse en cuenta varias realidades importantes:
    Primero: El Evangelio Según San Mateo fue escrito
    especialmente para los judíos, entre quienes el divorcio era una plaga
    nacional. Se divorciaban por cualquier motivo baladí, hasta porque la
    sopa le quedaba salada o desabrida a la esposa.
    Segundo: Los Evangelios Según San Marcos y San Lucas, que
    fueron escritos para los gentiles (nosotros), no mencionan
    absolutamente nada acerca de permisiones para el divorcio. (Marcos
    10:1-12; Lucas 16:18).
    Tercero: En ninguno de los pasajes (Mateo, Marcos y Lucas) el
    Señor menciona, ni siquiera infiere, que en caso de divorcio, haya
    libertad de volver a casarse. Más bien, como hemos visto, en Marcos
    y Lucas, ni siquiera menciona el divorcio, mucho menos el re
    casamiento.
    Cuarto: A veces, se cita el versículo, «el que está en Cristo,
    nueva criatura es, las cosas viejas pasaron, y he aquí todas son
    hechas nuevas» (2 Corintios 5:17), para decir que el que se divorcia
    y se recasa en la vida de pecado, que todo eso, el matrimonio
    primero y el divorcio es anulado cuando viene a Cristo. Esto es una
    aplicación errónea de este versículo. La institución del matrimonio
    no es condicionada, ni modificada, ni alterada, ni anulada por la
    experiencia del nuevo nacimiento. Si así fuera, entonces el
    matrimonio que tuvo lugar en la vida de pecado, quedaría anulado, y
    como ahora es «nueva criatura», pues podría dejar su «vieja esposa» y
    casarse con una «nueva esposa». Esto es absurdo.
    g. Conforme a la Palabra de Dios, quien esté divorciado que ore mucho
    y se mantenga soltero; quien esté divorciado y recasado y no puede
    deshacer su re casamiento que igualmente ore mucho, que busque de
    Dios y se mantenga en la Iglesia, aunque no pueda ocupar cargos
    oficiales ni ejercer el ministerio, pues para el ministerio la Biblia
    establece requisitos estrictos.

El Apóstol Pablo, después de tratar sobre los dones del Espíritu Santo,
dice: «Mas yo os muestro un camino más excelente». Ese camino más
excelente es el amor de Dios derramado en nuestros corazones.
Y en todo este asunto de las relaciones conyugales y de problemas
matrimoniales, también el camino más excelente es el amor a Dios
desbordando en nuestros corazones, que nos guía al perdón, a la
reconciliación, a la preservación del hogar y a la obediencia a la Palabra de
Dios.
PREGUNTAS

  1. Explique en breves palabras la institución del matrimonio.
  2. ¿Qué duración tiene el vínculo matrimonial?
  3. El divorcio entre los judíos ¿era un mandamiento de Dios o una
    permisión de Moisés?

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